Santo Domingo.- En los recientes casos de suicidio que han generado preocupación en la sociedad dominicana vuelven a colocar sobre la mesa una conversación que no puede limitarse a las cifras: ¿qué está ocurriendo emocional y psicológicamente con las personas que llegan a experimentar un nivel de desesperanza tan profundo?
Desde la perspectiva de la psicología clínica, el suicidio no debe entenderse como consecuencia de un único acontecimiento ni atribuirse automáticamente a una determinada situación. Generalmente existe una combinación de factores psicológicos, emocionales, sociales y circunstanciales que pueden aumentar la vulnerabilidad de una persona.
Entre los factores que pueden estar relacionados con el riesgo suicida se encuentran la depresión, la desesperanza, el aislamiento social, las pérdidas significativas, las rupturas afectivas, los conflictos familiares, la violencia, las dificultades económicas, el estrés laboral, el consumo problemático de sustancias y la sensación persistente de no encontrar una salida a una situación dolorosa.
Como psicóloga clínica identifico algunos elementos que son los más preocúpantes y uno de ellos es: la desesperanza, porque puede llevar a la persona a interpretar su sufrimiento como permanente y a creer que las circunstancias nunca cambiarán.
“Cuando una persona deja de visualizar alternativas, comienza a sentir que el dolor no tiene salida. Por eso es fundamental aprender a identificar las señales emocionales antes de que la crisis llegue a un punto extremo.”
El silencio emocional también puede convertirse en un factor de riesgo por el dolor de no saber expresar nuestras emociones de la forma correcta.
En una sociedad donde todavía existen prejuicios alrededor de la salud mental, muchas personas aprenden a ocultar lo que sienten. Expresiones como “yo puedo solo”, “no quiero preocupar a nadie” o “esto se me va a pasar” pueden terminar retrasando la búsqueda de ayuda profesional.
La situación resulta especialmente preocupante cuando una persona atraviesa simultáneamente diferentes fuentes de estrés y carece de una red de apoyo emocional.
La salud mental, por tanto, no debe abordarse únicamente cuando aparece una crisis. La prevención comienza mucho antes, mediante educación emocional, acceso oportuno a profesionales de la salud mental, fortalecimiento de las redes de apoyo y espacios donde las personas puedan hablar de su sufrimiento sin sentirse juzgadas.
No todo cambio de conducta debe ser ignorado.
Algunas señales de alarma pueden incluir cambios importantes en el comportamiento, aislamiento repentino, desesperanza persistente, pérdida de interés por actividades habituales, alteraciones marcadas del sueño o alimentación, aumento del consumo de alcohol u otras sustancias, expresiones relacionadas con sentirse una carga o con no encontrar sentido a la vida, así como cambios emocionales abruptos después de un período de gran angustia.
Una señal aislada no permite determinar que una persona está en riesgo, pero varios cambios simultáneos o una preocupación concreta por alguien justifican acercarse, escuchar y buscar ayuda profesional.
La prevención requiere dejar de preguntar “¿por qué lo hizo?” y comenzar a preguntar “¿cómo podemos prevenirlo?”
El abordaje debe superar la mirada individual y convertirse en una responsabilidad colectiva.
“Necesitamos una sociedad que aprenda a escuchar. Preguntar cómo está una persona, validar su dolor y acompañarla a buscar ayuda puede ser mucho más importante de lo que imaginamos. La prevención del suicidio no comienza cuando una persona está al límite; comienza cuando construimos una cultura donde pedir ayuda no sea motivo de vergüenza.”
República Dominicana ha comenzado a ampliar sus servicios de atención en salud mental. El Gobierno presentó en 2026 un Plan Nacional de Salud Mental 2026-2030 que contempla, entre otras medidas, ampliar las Unidades de Intervención en Crisis y aumentar significativamente la capacidad de atención especializada. Lo que esperamos los profesionales de la conducta humana en la psicólogia clínica, es que está tenga el seguimiento correcto para que se cumpla el objetivo con este plan.
Sin embargo, las políticas públicas necesitan estar acompañadas de una transformación cultural: hablar de salud mental con naturalidad, detectar señales tempranas, fortalecer las familias, educar emocionalmente a niños y adolescentes y facilitar que las personas puedan acceder a profesionales capacitados.
Un llamado a mirar más allá de las estadísticas
Cada muerte por suicidio representa una historia, una familia y una comunidad afectada. Por ello, hablar responsablemente del tema no significa generar alarma, sino promover prevención y conciencia.
La recomendación para cualquier persona que atraviese un sufrimiento emocional intenso o que perciba señales de riesgo en alguien cercano es no enfrentar la situación en soledad y buscar atención profesional de salud mental de manera oportuna.
“Hablar puede abrir una puerta. Escuchar puede acercarnos a esa persona. Y buscar ayuda profesional puede cambiar el rumbo de una crisis.”
Laurie Peña
Psicóloga Clínica y Terapeuta
@Dosisterapéutica
Tema central: Salud mental y prevención del suicidio
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