Santo Domingo.- No se puede vivir ajeno a los problemas sociales que afectan a nuestro país. No es necesario pertenecer a un partido político para alzar la voz en defensa del bien común de la patria de Duarte, Sánchez, Mella y Luperón.
Es difícil vivir en paz mientras observamos cómo quienes dirigen este pueblo lo mantienen sumido en la más abyecta miseria.
Es deprimente ver a ancianos haciendo largas filas por una caja o un bono navideño, y lo más triste es que consideran a quien reparte esa limosna como un héroe. Su miopía les impide reconocer que, en muchos casos, ese mismo repartidor es el culpable de su extrema carencia.
Con este escrito no pretendo culpar a esos ancianos, dignos de mejor suerte; son, en realidad, daños colaterales de un sistema fallido. Mantener a la gente en la pobreza y privarla de los recursos esenciales para su desarrollo es una práctica antigua en países donde no se implementan políticas públicas que sirvan a la mayoría.
Los desposeídos se convierten en materia prima en cada proceso electoral; los recursos del Estado, junto con la corrupción y el crimen organizado, son utilizados para comprar voluntades.
Lo más lamentable es la falta de conciencia crítica de la población. Los demás partidos políticos del sistema tampoco tienen la calidad moral para hacerlo, pues ejercen la misma práctica.
Con esta forma de hacer política, contamos con un Poder Legislativo de muy baja calidad, repleto de intereses oscuros que, por su gravedad, no me atrevo a describir en detalle.
Mientras no se cambie esta manera de ejercer la política, tendremos un poder ejecutivo incapaz de cumplir con el mandato constitucional, un poder Legislativo lleno de diputados y senadores que no legislan ni fiscalizan, y que solo representan sus propios intereses. Un Poder Judicial designado por el poder político, sin vocación de justicia.
Estas designaciones traen como resultado la corrupción y la impunidad, que se manifiestan en todo el tejido social. En un país donde la corrupción es la norma, habrá que buscar con la linterna de Diógenes a un político honesto que realmente sirva al pueblo.
Debemos exigir, cada día, a los poderes públicos que cumplan con el mandato de la ley.
Autor: Edwing Yoel Pascual Hernández, licenciado en derecho
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Sobre Edwing Yoel Pascual Hernández
Nacido el 20 de febrero de 1984 en Monte Plata, abogado de profesión y oficio con 17 años de experiencia en ejercicio, ha acumulado un vasto conocimiento en diversas áreas del derecho, incluyendo derecho penal, civil, laboral, inmobiliario, corporativo y administrativo.
Antes de establecerme como abogado, me desempeñé como alguacil ordinario de la Cámara Penal del Departamento Judicial de Santo Domingo, lo que me brindó una valiosa perspectiva sobre el sistema judicial.
En la actualidad soy estudiante de término en la carrera de Comunicación Social.
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