Santo Domingo.- A lo largo de la historia, Estados Unidos ha intervenido en numerosos países, impulsado por razones políticas, ideológicas, económicas y sociales, así como por el control de recursos naturales y consideraciones geoestratégicas. Las justificaciones han variado, desde la defensa de la "democracia" hasta la "lucha contra el terrorismo, el narcotráfico y el crimen organizado".
Empero, las intervenciones en Irak y Afganistán han dejado lecciones dolorosas que marcan el camino de futuras acciones. En estos casos, la imposición de gobiernos por parte de Estados Unidos no solo fracasó en consolidar la democracia y estabilidad, sino que también provocó un caos que aún persiste.
En Afganistán, las fuerzas estadounidenses derrocaron a la dictadura de Al Qaeda y al Talibán, pero fracasaron en establecer una transición democrática y estable, en gran parte debido a la complejidad del terreno y la resistencia tenaz de los talibanes. Al final, en abril de 2021, Estados Unidos se vio obligado a retirarse, facilitando el regreso del Talibán a Kabul en agosto de ese mismo año.
El conflicto dejó un saldo trágico de alrededor de 240,000 vidas perdidas y millones de desplazados, mientras que el retorno del Talibán significó nuevas restricciones a los derechos de las mujeres y una crisis humanitaria persistente.
La invasión de Irak, por su parte, redefinió la geopolítica del siglo XXI. Justificada por la supuesta existencia de armas de destrucción masiva que nunca fueron encontradas, esta intervención culminó en el desmantelamiento del Estado iraquí. La captura y ejecución de Saddam Hussein en 2006 generó un vacío de poder que derivó en una guerra civil, intensificada por el sectarismo y la exclusión de líderes sunnitas.
Así, lejos de fortalecer su hegemonía, Washington debilitó su imagen internacional y, desde el punto de vista económico, el control del petróleo se convirtió en el eje central del conflicto, pero la reconstrucción del país fracasó y la renta media se desplomó.
Estas experiencias fallidas en Irak y Afganistán llevaron a Estados Unidos a replantear su enfoque respecto a Venezuela, tras el secuestro de Nicolás Maduro y su esposa el pasado 3 de enero de 2026, quienes fueron trasladados a suelo estadounidense para ser juzgados por presuntos delitos de narcotráfico.
Aunque estos ataques son inéditos en Sudamérica, no se ha desplegado un contingente militar en territorio venezolano, a diferencia de lo ocurrido en Irak y Afganistán. Sin embargo, el presidente Donald Trump no ha descartado la posibilidad de un segundo ataque, si lo considera necesario.
En primer lugar, es importante señalar que María Corina Machado Parisca no fue candidata presidencial en las pasadas elecciones de Venezuela; Esta realidad plantea interrogantes sobre su legitimidad como líder en la transición política que muchos anhelan.
En segundo lugar, Machado Parisca recibió en Oslo, el 10 de diciembre de 2025, el Premio Nobel de la Paz, un acontecimiento que simboliza no solo el reconocimiento a su incansable lucha, sino también la continuidad de su legado en la búsqueda de la paz.
El Premio Nobel de la Paz se otorga a aquellas personas que han trabajado de manera significativa en favor de la fraternidad entre las naciones, la abolición o reducción de los ejércitos y la promoción de acuerdos de paz. Este galardón no solo es un reconocimiento, sino una responsabilidad, ya que los laureados se convierten en voces que deben elevarse en favor de la justicia y la dignidad humana. Sin embargo, esta es una de las posibles razones por las cuales, Estados Unidos decidió no escoger a Machado Parisca para encabezar la transición en Venezuela.
EE. UU., necesita en Venezuela un liderazgo que no esté comprometido con la paz; prefieren un liderazgo fuerte y dispuesto a reprimir cualquier insurrección que se oponga a los intereses gringo.
El Premio Nobel implica una alta expectativa de comportamiento ético y pacifico. Esto puede limitar a Machado para actuar de manera pragmática cuando la situación lo amerite.
El Nobel implica un compromiso que la vincula a resolver los conflictos de forma pacifica promoviendo la paz y la diplomacia sin acudir a métodos agresivos que en algunas ocasiones son necesarios para lograr los objetivos.
Al estar vinculada con lo pacífico, sus adversarios podrían percibir a Machado como una figura que no infunde temor. Como bien señaló Nicolas Maquiavelo: “Es mucho más seguro ser temido que amado, si no puede ser ambas cosas”.
En tercer lugar, la elección de Donald Trump de llevar a cabo la transición con Delcy Rodríguez en lugar de Machado Parisca responde a la gran experiencia que ha acumulado Estados Unidos en procesos de intervención. Los chavistas mantienen un control militar sólido y dominan la industria petrolera, lo que convierte a Rodríguez en una figura clave para cualquier negociación futura.
Un enfrentamiento directo con el régimen chavista podría desatar conflictos violentos y derramamiento de sangre, un escenario que resultaría contraproducente para los intereses estadounidenses, especialmente en un contexto donde la estabilidad regional es prioritaria.
Además, la historia reciente ha demostrado que las intervenciones militares suelen generar consecuencias imprevistas y prolongadas. Las experiencias en Irak y Afganistán han enseñado a Washington que la imposición de un cambio de régimen a menudo desemboca en caos y desestabilización.
Por lo tanto, un enfoque más sutil y diplomático, que implique el respaldo a un liderazgo interino como el de Rodríguez, podría facilitar la transición hacia un gobierno más alineado con los intereses estadounidenses, sin provocar una reacción violenta que complique aún más la situación.
Al mantener una interlocución con Rodríguez, Trump busca asegurar el control del petróleo venezolano, un recurso estratégico para la economía estadounidense, al mismo tiempo que minimiza el riesgo de enfrentamientos militares.
En conclusión, la decisión de Estados Unidos de optar por Delcy Rodríguez en lugar de María Corina Machado para liderar la transición en Venezuela se fundamenta en varias consideraciones estratégicas: la falta de liderazgo político de Machado para llevar a cabo una transición tan compleja. El Nobel de la Paz limita su accionar en un posible conflicto bélico. La experiencia acumulada por Estados Unidos en intervenciones previas sugiere que un enfoque más diplomático, respaldando a Rodríguez, podría facilitar un cambio hacia un gobierno más alineado con los intereses estadounidenses, sin desatar un conflicto violento.
Esta estrategia busca asegurar el control de las riquezas venezolanas, vitales para la economía de EE. UU., y sentar las bases para un entendimiento con cualquier gobierno venezolano que se lo pueda garantizar.
Autor: Edwing Yoel Pascual Hernández, licenciado en derecho
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Sobre Edwing Yoel Pascual Hernández
Nacido el 20 de febrero de 1984 en Monte Plata, abogado de profesión y oficio con 17 años de experiencia en ejercicio, ha acumulado un vasto conocimiento en diversas áreas del derecho, incluyendo derecho penal, civil, laboral, inmobiliario, corporativo y administrativo.
Antes de establecerme como abogado, me desempeñé como alguacil ordinario de la Cámara Penal del Departamento Judicial de Santo Domingo, lo que me brindó una valiosa perspectiva sobre el sistema judicial.
En la actualidad soy estudiante de término en la carrera de Comunicación Social.
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