Adiós, periódico impreso El Nacional. Durante décadas informaste al país sobre hechos de interés general. Con entusiasmo y ansiedad esperábamos las tardes para conocer los sucesos más relevantes del acontecer nacional e internacional.
Me llena de nostalgia saber que tus páginas impresas ya no llegarán a los hogares ni estarán disponibles en los puntos de venta. Los avances tecnológicos te llevaron a evolucionar hacia lo digital, y seguirás cumpliendo tu labor de informar, educar y orientar. Por la calidad que siempre te caracterizó, no tengo duda de que estarás presente en cada pantalla donde haya necesidad de información veraz.
Toda una historia de compromiso social, siendo la voz de quienes no tienen voz; llegabas cada tarde con tus noticias, y la gente esperaba impaciente cada edición. Llegaste a formar parte de la familia dominicana: con tu amplia variedad de contenidos fuiste el complemento informativo de todos.
Te vamos a extrañar, aunque tendremos que acostumbrarnos a tu versión digital. Somos conscientes de la dialéctica de la vida: el mundo no es estático, su evolución es constante. En cada época la humanidad ha tenido que adaptarse a los cambios, donde lo viejo cede paso a lo nuevo y lo obsoleto se sustituye por lo moderno. En ese devenir ha transcurrido toda la historia humana.
Sin importar las condiciones climáticas, siempre llegaste puntual, como si tu compromiso con la verdad estuviera por encima de todo. Sin pausas, sin excusas, dispuesto a cumplir tu labor incluso en las circunstancias más adversas.
Ya no te tendremos en papel, pero seguirás presente en cada dispositivo, ampliando tu alcance. En estos tiempos de posverdad, serás más necesario que nunca: funcionas como un filtro confiable de verificación, en un mundo tan conectado donde cualquiera que tiene un aparato se cree periodista.
Casi seis décadas de trabajo ininterrumpido marcaron generaciones que nacieron, crecieron y se formaron bajo tu luz informativa. Esas generaciones, repartidas por todo el territorio nacional, tendrán que dar el paso hacia tu nueva etapa digital.
Como decía Heráclito de Éfeso:
“Todo fluye, nada permanece”
“Nadie se baña dos veces en el mismo río”
“Somos y no somos”
Las páginas de papel descansan, pero tu legado perdura. No es un adiós definitivo, es solo un cambio de ropa: sigues siendo el mismo faro de siempre, ahora iluminando nuevos caminos. Que tu pluma siga firme, honesta y valiente, porque República Dominicana aún necesita mucho de ti. Bienvenido a tu nueva era.